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    <title>Temas</title>
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    <item>
      <title>Celos del trabajo</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/celos-del-trabajo</link>
      <description>Todo el mundo sabe que el trabajo es importante. Más aún, muy importante. Es el recurso para vivir la vida que queremos vivir.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Celos del trabajo
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
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  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Todo el mundo sabe que el trabajo es importante. Más aún, muy importante. Es el recurso para vivir la vida que queremos vivir. Nos permite tener casa, coche, vacaciones. Si tenemos suerte y es un trabajo que nos gusta, hasta decimos que nos ayuda a realizarnos. Y aún si no nos gusta del todo, nos permite relacionarnos con otras personas, en algún caso encontrar amigos, a veces hasta pareja.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Normalmente, si el trabajo es de cierta responsabilidad, o si es una empresa de la que somos propietarios, aunque sea pequeña, debemos dedicarle mucho tiempo. Más que una jornada de ocho horas. Si estamos hablando de una persona joven, hombre o mujer, no suele haber problemas: dedicar horas al trabajo se comprende como una manera de asegurar el futuro. Y suele ser cierto: la empresa, propia o ajena, recompensa el esfuerzo realizado: salarios más altos, puestos de responsabilidad, o incrementos en los beneficios.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero a partir de cierta edad la cosa se complica: el sujeto, hombre o mujer, siente que el trabajo compite con la vida familiar. En el caso de la mujer conocemos la cuestión, muchas veces renuncia al progreso laboral por los hijos, el marido, la casa. En otros casos intenta compatibizar ambas cuestiones, con gran sacrificio. En el caso de los hombres, la cosa se plantea, aún hoy, de otra manera. Sabe que para avanzar en el trabajo debe renunciar a ciertas horas con la familia, que su tiempo será suplido por la compañera, y entiende eso como una cuestión vital: su esfuerzo revertirá en su mujer, sus hijos, con mejora en el nivel de vida y todo lo que ello supone: casa mejor, educación mejor para los hijos… En fin, todo lo que se puede obtener con mayores ingresos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Sin embargo hemos observado en muchas crisis de pareja que el pacto inicial, tú trabajas menos, o no lo haces, y te ocupas de la casa y de los niños, y yo me voy al mundo a trabajar, de pronto deja de funcionar. La mujer se siente sola, quiere mayor presencia del hombre, sobre todo como padre, y el hombre siente que su esfuerzo no es reconocido. Suele pasar que él no comparte lo que hace fuera (¿Qué le voy a contar a mi mujer, si es todos los días lo mismo?) , Y ella tampoco habla porque salvo contadas excepciones, también, todos los días es lo mismo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La diferencia entre ambos es que mientras es probable que él pueda progresar y crecer en su trabajo, aprendiendo, teniendo satisfacciones, las tareas del hogar, en su monotonía, dejan poco lugar al crecimiento personal. Las mujeres, hoy en día, encuentran satisfacción en otras actividades: las amigas, el gimnasio, pero no dejan de vivirlas como meros entretenimientos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y son los celos, por lo que el hombre consigue estando fuera de casa, los sentimientos que están en el origen de muchas de las quejas que deterioran las relaciones de muchas parejas que ven cómo sus vidas son afectadas sin saber muy bien qué les pasa cuando, dicen, lo tienen todo para ser felices.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sun, 15 Aug 2021 16:55:58 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Comenzar</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/comenzar</link>
      <description>Muchas veces las personas que acuden a nuestra consulta suelen decir que sabían desde hace tiempo que tenían que acudir.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Comenzar
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
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  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Sabía que tenía que acudir a una consulta, pero...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Muchas veces las personas que acuden a nuestra consulta suelen decir que sabían desde hace tiempo que tenían que acudir. Seguidamente explican los motivos que han tenido para no hacerlo: falta de tiempo, creencia de que no estaban preparados... En fin. Esperaban el momento "justo". A veces un amigo o amiga en tratamiento les había sugerido el tema, o tenían síntomas, los que fueran, que les habían hecho sospechar que lo suyo es, quizás psicológico o psíquico. También dicen, en ocasiones, que aún no se sentían en condiciones de "enfrentarse a sus cosas". Es decir, ya traen una idea de enfrentamiento, de algo en ellos que se resistirá a cambiar y se imaginan un tratamiento como algo duro, costoso, que no les gustará aquello de sí mismos que descubrirán. Como todo esto ocurre en la primera entrevista, queda claro que el profesional ignora cualquier cosa, que no conoce al paciente, y que quien sí sabe de qué habla, es el que está allí, sentado, contando todo sin decir nada. Porque si ya sabemos que lo que veremos de nosotros no es "bonito", es que tenemos una idea de qué se trata. Si creemos que será difícil cambiar, es porque sabemos a qué no queremos renunciar. Y por eso la dificultad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los humanos tenemos que pensar las cosas, imaginarlas, en general, para poder hacerlas. Si nos planteamos estudiar una carrera, por ejemplo, nos imaginamos luego trabajando: ¿nos gustará trabajar de ingenieros? O: seré capaz de esperar seis años para obtener mi titulación. Seguir estudiando, aprobar las asignaturas, seguir dependiendo de mis padres... Y según lo que pensemos, luego nos apuntamos. O no. Pero si no hay acción, los pensamientos son como sueños... Y el simple transcurso del tiempo no resuelve nuestras dudas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Con la idea de comenzar un psicoanálisis sucede algo semejante. Nos lo dicen, estamos de acuerdo, pero todavía no es el momento. Como pasa a veces con terminar una relación, o decir a nuestros padres que vamos a irnos a vivir con la pareja... Ya sabemos que hay que hacerlo, pero aún... Y al igual que en las relaciones parece que sólo pensamos en ello, con el comienzo de un tratamiento lo que aparece es una auto observación que se encarga de demostrarnos que no estamos tan mal, que quizás fue sólo una crisis pasajera, que el tiempo ya pondrá en su sitio las cosas... En fin. En realidad todos estos razonamientos vienen a demostrar las argucias del pensamiento: la decisión ya suele estar tomada. Y encontramos los argumentos luego. La misma persona puede sostener por qué le conviene comenzar ya, como decidir que puede esperar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Quizás uno de los aspectos más difíciles de reconocer en el comienzo de un tratamiento es que no se puede solo. Uno de los valores que nos inculcan desde pequeños es la independencia. Si somos jóvenes, aspiramos a independizarnos de nuestros padres: "nuestro" dinero, "nuestro" piso, son objetivos a alcanzar. Ser independientes significa controlar nuestra vida. Y si no podemos con la ansiedad, o con esas manías que nos impiden salir de casa en un tiempo normal, o eliminar esas fantasías que a veces se nos pasan por la cabeza... Hemos perdido el control y eso nos hace sentir fracasados. El psicoanálisis muestra que en el proceso de hacernos humanos atravesamos momentos de extrema dependencia: si no nos alimentan o nos protegen de las inclemencias del tiempo, moriríamos. Y esa es una marca indeleble.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      
           Necesitamos de otros, de su amor, ayuda, reconocimiento. En la sociedad actual, sin los otros, no tendríamos ni luz, ni agua. O sea que la independencia no deja de ser un mito, y, en todo caso, se trata de elegir de qué depender. La ayuda de un profesional que ayuda a resolver la angustia, permite pensar nuestras relaciones personales o familiares, superar una depresión, no deja de ser una elección frente a una vida controlada por esos padecimientos
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sun, 01 Aug 2021 16:55:57 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Crecer también es una decisión</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/crecer-tambien-es-una-decision</link>
      <description>Pensemos en nuestra actitud respecto del trabajo. Podemos aspirar a un buen trabajo, desde el punto de vista económico, por ejemplo.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Crecer también es una decisión
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pensemos en nuestra actitud respecto del trabajo. Podemos aspirar a un buen trabajo, desde el punto de vista económico, por ejemplo. Pero quizás nos es importante el horario, y sacrificamos un dinero por un horario que no nos "esclavice". O consideramos importante que esté cerca de casa, para no padecer atascos, horas punta, etc. Quizás no nos importen estas cosas, sino la posibilidad de promocionarnos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Quizás, entonces, continuamos nuestra formación, hacemos cursos fuera del horario de trabajo para poder progresar. Eso supone en muchos casos menos tiempo para la diversión, la familia o la pareja. Ahora pensemos en una pareja. No tienen, los dos, el mismo criterio. Uno se acomoda a lo que tiene: un trabajo estable, no muy creativo, pero... ¡qué se le va a hacer! ¡Todo no se puede pedir! El horario es bueno, termina pronto... sábados y domingos libres. El otro miembro de la pareja, en cambio, es más ambicioso. Su trabajo le gusta, puede aprender más. Así que hace cursos, acaba tarde. Y su trabajo incluye el sábado. Menos horas para la familia. Claro que comienza a ganar más dinero. Y se le plantea la alternativa: ¿Seguir o abandonar? La alternativa es seria, porque supone que deje de crecer. Lo que ocurre, la mayor parte de las veces es que se renuncia al crecimiento. Así que la medida la pone el más "pequeño".
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero podemos contemplar la situación desde otro punto de vista y preguntarnos: ¿por qué una persona renuncia a crecer? ¿Por qué, por ejemplo, no aspira a un trabajo mejor, donde independientemente de las condiciones económicas pueda estar más a gusto como persona?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           A veces estos problemas se plantean cuando estamos por cambiar de ciclo. De la primaria a la secundaria, del bachillerato a la universidad, de la universidad a... ¡quién sabe! Algunos estudiantes comienzan a tener problemas al acercarse el fin del ciclo educativo. La perspectiva del cambio les genera temor, y fracasan. Lo que sucede en estos casos es que, si la cosa va a más, llegan a la consulta porque alguno de su casa, sus padres si es pequeño o adolescente, o él mismo, si ya es mayor, reconoce que no sabe qué le pasa. Y necesita aclararse.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En el caso del comienzo la gente no suele consultar porque existe la creencia de que ser ambicioso no es bueno. O que, si se generan conflictos, lo que se debe salvaguardar es la pareja, o la familia, cuando todos sabemos que el trabajo, teniendo en cuenta las horas que nos pasamos en él, es importante que sea satisfactorio. Y los años que dedicamos a la formación no son tantos y solemos hacerlo en la juventud. Por eso, quizás, más que en pensar en renunciar a nuestras aspiraciones, debemos revisar las actitudes que consideran que ya "han llegado", cuando se tienen menos de treinta años, por ejemplo. Como decíamos en el título, crecer es una decisión, y todos podemos tomarla.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 15 Jul 2021 16:55:56 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Discutimos lo normal</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/discutimos-lo-normal</link>
      <description>Lo normal es una noción muy socorrida, como suele decirse. Parece que el que habla conoce mucho, de lo que sea, ha comparado, realizado estadísticas, o por lo menos, ha tenido ocasión de hablar con mucha gente.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Discutimos lo normal
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo normal es una noción muy socorrida, como suele decirse. Parece que el que habla conoce mucho, de lo que sea, ha comparado, realizado estadísticas, o por lo menos, ha tenido ocasión de hablar con mucha gente. Pero a poco que cuestionemos estas cosas se ve que la frase esconde una actitud defensiva. ¿Qué quiere decir “discutimos lo normal”? En una pareja, por ejemplo, eso significa una vez a la semana, dos. ¿Todos los días? Y ¿cómo son las discusiones? Breves, largas… ¿Utilizamos términos ofensivos? Decimos, por ejemplo: “tú siempre…” o “tú nunca”. ¿Sacamos a relucir historias antiguas? O nos limitamos a expresar nuestras diferencias acerca del tema de que se trata. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo cierto es que si nos justificamos es que por lo menos alguna vez, tuvimos la idea de que quizás, era “demasiado”. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay parejas que discuten mucho. Y eso no quiere decir que estén al borde de la ruptura. En principio quiere decir eso: discuten. Y eso es, también, un modo de relacionarse. Es un modo de hablar. Podemos así expresar nuestras quejas, nuestra manera de ver las cosas. Lo que sucede es que, como dice el dicho, dos no discuten si uno no quiere. Y no siempre son verdaderas discusiones. Muchas veces se trata de alguien que dice, grita las cosas, y otro que se limita a escuchar. Discutir mucho es muy cansado, y no todos quieren hacer ese trabajo. Así que la expresión “discutimos lo normal” suele pronunciarla quien quiere discutir. El otro se limita a seguir leyendo el periódico, salir de casa, encerrarse en la habitación, con lo que no hace sino irritar al compañero, que insiste en lo que hacía.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es difícil estar de acuerdo en todo, y ni siquiera podemos decir que es recomendable. La vida ofrece muchos temas en los que podemos estar en desacuerdo con nuestra pareja: desde cosas banales, como dónde ir el fin de semana, o el modelo de coche a comprar, o importantes, como  la educación de los hijos. Y en una pareja tampoco es necesario ofrecer “un frente común” respecto de  los hijos, como si fueran un enemigo. Lo importante es que las diferencias puedan ser asumidas, y no vividas como un menoscabo de la propia posición. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por eso podemos asegurar que si alguien dice que “discute lo normal” no hace sino reconocer que discute demasiado, más, por lo menos, de lo que le gustaría. Y, sobre todo, que discutir no produce ningún acercamiento de posiciones, sino que es un ejercicio de poder, que suele acabar por cansancio. Lo que deja a todos los  participantes en el mismo lugar, un poco más heridos, un poco más insatisfechos. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cada vez recibimos en la consulta más personas que acuden a aprender a hablar. Las parejas no se conforman con el silencio y se permiten pensar que el argumento “siempre ha sido así”, no es más que una descripción. Las cosas que han sido siempre de una manera pueden cambiar. Sólo hay que tomarse el trabajo que se requiere.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 01 Jul 2021 13:02:08 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>El autoengaño</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/el-autoengano</link>
      <description>Hay cosas de las que no se habla casi nunca y sin embargo funcionan como acuerdos sociales tácitos. Una de esas convenciones sociales dice que sin ciertas dosis de engaño la convivencia sería muy difícil.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El autoengaño
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay cosas de las que no se habla casi nunca y sin embargo funcionan como acuerdos sociales tácitos. Una de esas convenciones sociales dice que sin ciertas dosis de engaño la convivencia sería muy difícil. Se entiende que no es necesario mentir, alcanza con no decir toda la verdad, por lo menos no todo el tiempo. A veces se trata de no decir a la amiga que esa prenda que tanto la ilusiona no le queda tan bien como ella cree, o no decir nada acerca de una calva que avanza con entusiasmo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En ocasiones se trata de algo más serio: el grupo de amigos que comenta la desigual relación amorosa entre dos de ellos, o que ha visto a alguno de ellos en situación comprometida... A veces hemos comentado cómo resolveríamos ciertas situaciones: si  ves a mi novio con otra... ¡me lo dices! Otra persona puede decir: yo prefiero enterarme sola...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Entendemos que estas cosas entran dentro de lo que llamamos mentiras piadosas. Pero lo curioso es que también nos engañamos a nosotros mismos. Estamos tan acostumbrados a ello que casi no nos damos cuenta de lo curioso que resulta que un sujeto se oculte a sí mismo una verdad que es evidente. Ya se dice que no hay más sordo que el que no quiere oír ni más ciego que el que no quiere ver... 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando la báscula nos dice que nuestra píldora milagrosa no ha surtido efecto y que quizás debiéramos prescindir de algunas cervezas o helados, cuando hacen dos meses largos que no me apetece hacer el amor con mi pareja, o a ella conmigo, cuando la perspectiva de un fin de semana no es fuente de alegría sino de inquietud porque no tenemos a quién llamar... Estamos acostumbrados a preguntarnos por qué, y esa razón se nos escapa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los psicoanalistas solemos decir que si bien es verdad que todo ocurre por algo, también ocurre para algo. El por qué nos sumerge en el pasado y nos hace pensar que es eso lo que comanda nuestra vida. Sin embargo, pensar para qué nos quedamos en cierta situación nos devuelve a nuestro tiempo, nos proyecta al futuro y permite descubrir que por peor que sea la situación vivida, es siempre menos  mala que la real o fantaseada situación a la que deberíamos hacer frente. Alguien que no pide aumento de sueldo, por ejemplo, que se queda en una empresa donde no es reconocido. Un joven que no quiere terminar sus estudios, porque aunque aparentemente lo desee, fracasa en sus exámenes, no son necesariamente personas inseguras o perezosas. A veces muestran la dificultad en convertirse en jefes de familia.  Un jefe de familia no es necesariamente un señor con mujer e hijos. No depende del sexo del sujeto ni de su estado civil. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           A veces no comprendemos por qué un conocido o familiar que abusa del alcohol, o de las drogas, no hace nada para evitar esa conducta claramente destructiva. Y si investigamos, lo que aparece es una pregunta: ¿podré o fracasaré? Y es el miedo al fracaso lo que impide el comienzo de un tratamiento.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            El autoengaño cumple una función económica porque aunque decimos “eso ya lo sé”, si no actuamos en consecuencia, no lo sabemos de verdad. Como se dice habitualmente, es muy diferente la teoría a la práctica. 
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 15 Jun 2021 13:02:09 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>El trastorno de ansiedad generalizada</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/el-trastorno-de-ansiedad-generalizada</link>
      <description>El trastorno de ansiedad generalizada se manifiesta como ansiedad excesiva y preocupación referida a tareas a realizar o situaciones de la vida cotidiana.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El trastorno de ansiedad generalizada
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      
           El trastorno de ansiedad generalizada se manifiesta como ansiedad excesiva y preocupación referida a tareas a realizar o situaciones de la vida cotidiana. En esta época del año, por ejemplo, lo manifiestan muchos estudiantes de cara al final del curso escolar. Y cada vez aparecen más niños en edades tempranas en los que aparecen síntomas físicos, dolores estomacales, diarreas, problemas con la alimentación que no son sino maneras de decir su dificultad para enfrentar los exámenes, las evaluaciones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La sensación de no poder “con todo”, cuando nunca es “todo” lo que está en juego. En estos casos no se reconoce lo exagerado de las preocupaciones. Se dificulta el diálogo con los familiares del entorno: si hasta ahora has podido con el curso, por ejemplo, ¿por qué no vas a poder ahora? Muchas veces aparece irritación, la persona está muy sensible, cualquier comentario lo interpreta en términos de: lo que me dicen es que no voy a poder, o en clave amorosa: si no lo consigo, es que soy tonta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando se imaginan lo que sucederá, siempre es en términos de “desastre”: el examen me salió fatal, la entrevista me salió fatal... Se manifiesta entonces una gran exigencia: si no lo hago perfecto, está mal. Y como perfecto no existe, siempre está mal. En esos caso la persona se pone ”intratable”. Cualquier argumento se estrella contra la certeza de que no podrá.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando la ansiedad persiste, aparecen trastornos del sueño, dificultad en las relaciones sociales. La persona intuye que no compartimos sus excesivas preocupaciones, o que no “le comprendemos”, por lo que se encierra en sí misma. E intenta diversos recursos para mantener las cosas bajo control. Por ejemplo, teme olvidar cosa y comienza a anotar cosas. A veces en una agenda o cuaderno especial para ello, pero a veces en papeles que va acumulando. Pueden ser cosas importantes o nimias, pero que en todo caso manifiestan que se siente que las cosas comienzan a escapar de su control.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Estos síntomas producen un gran malestar, descontento con la vida que se puede generalizar a todo el ámbito de la vida: descontento con los estudios o el trabajo, o con las amistades. Este trastorno no sólo no suele desaparecer espontáneamente, sino que tiende a hacerse crónico. Por eso es importante acudir a un especialista, que podrá proponernos el tratamiento más adecuado. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 01 Jun 2021 16:55:59 GMT</pubDate>
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      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>El trastorno obsesivo compulsivo</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/trastorno-obsesivo-compulsivo</link>
      <description>En ocasiones algunas personas sienten que tienen la cabeza llena de pensamientos negativos. Se sienten impulsados a hacer las mismas cosas sin que haya motivos que lo justifiquen...</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El trastorno obsesivo compulsivo
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
           &#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En ocasiones algunas personas sienten que tienen la cabeza llena de pensamientos negativos. Se sienten impulsados a hacer las mismas cosas sin que haya motivos que lo justifiquen. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Estos pensamientos parecen objetos ajenos, que entran y salen de la mente a su antojo, y no pueden ser evitados por más esfuerzos que hagamos. Hay tareas ridículas, como contar baldosas, acomodar de cierta manera las figurillas de un estante o doblar la ropa que de pronto se vuelven cruciales. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Si piensan en personas cercanas o queridas, las ven al borde de alguna desgracia. A veces creen que ocurrirán cosas graves si no realizan cierta a acción. Aunque no son personas violentas, sienten impulsos agresivos que no habían experimentado con anterioridad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Todos estos síntomas, y cada uno por separado, hablan del trastorno obsesivo compulsivo, que, como se ve, parece una cosa relacionada con la imaginación (imagino que si no hago esto o aquello pasará esto o lo otro) y, sin embargo, es un trastorno real. Es decir, que esas ideas tiene una gran capacidad de provocar malestar, ansiedad y angustia que son las cosas por las que muchas de estas personas se deciden a consultar con el especialista.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Cuando padecemos este trastorno, los pensamientos dañinos se repiten. Para intentar controlarlos y que no aparezcan, las personas se ven impelidas a realizar acciones. Por ejemplo, si no quiero que pase tal cosa, debo evitar pasar por tal sitio, aunque eso suponga un gran rodeo para llegar a mi casa. Como esto ocurre en el plano mental, estos síntomas se llaman obsesiones. Conocemos algunas personas obsesionadas con la limpieza, con el miedo al contagio por gérmenes. A veces se trata del temor a un accidente, ideas que perturban acerca del sexo, de la religión o de los vínculos familiares.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           En cambio, cuando se trata de acciones, esas cosas que se hacen una y otra vez, como lavarse las manos, verificar una y otra vez que todas las luces están apagadas, contar… lo que sea, reciben el nombre de compulsiones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      
           Las personas que padecen estos síntomas saben que son indicativos de que algo no va bien, y después de un tiempo de observarse, esperando que sea un malestar pasajero, unas “ideas raras” que desaparecerán con el tiempo, pueden tratar de recibir ayuda o de ocultarlo. Al ocultarlo a las personas que les rodean está claro que también intentan ocultárselo sí mismos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://cdn.website-editor.net/79229b5287d14e11a6c3ccce5539954e/dms3rep/multi/toc.jpg" length="36154" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Sat, 15 May 2021 17:59:08 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Eso del alcohol</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/eso-del-alcohol</link>
      <description>Si nos preguntan si sabemos qué es un alcohólico, casi todos tendríamos una respuesta. Más o menos verdadera, dependiendo si lo hemos visto de cerca, o en una película. Alguna vez hemos visto por la calle hombres o mujeres, descuidados, en algunos casos sin techo, con síntomas claros de alcoholismo.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Eso del alcohol
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Estoy pensando... eso del alcohol
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si nos preguntan si sabemos qué es un alcohólico, casi todos tendríamos una respuesta. Más o menos verdadera, dependiendo si lo hemos visto de cerca, o en una película. Alguna vez hemos visto por la calle hombres o mujeres, descuidados, en algunos casos sin techo, con síntomas claros de alcoholismo. Lo hemos padecido en casa, o como relato acerca de un familiar. Un hombre que vuelve bebido, a veces violento, a veces culposo. Una mujer que esconde botellas, como si los hijos no lo vieran.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero sin llegar a esos extremos, algunas personas se encuentran bebiendo a disgusto. Las cervezas por la tarde, por ejemplo. Al salir del trabajo, o de las ocupaciones. No se reconocen como “enfermos” o adictos. Si hay muchos días en los que no beben. O casi nunca se trata de las llamadas bebidas fuertes... y sin embargo... No se sienten cómodas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando se nos ocurre cuestionarnos una conducta, o un hábito, cuando nos preguntamos si algo “es normal”, es que hemos detectado un problema. Y da igual si entramos en la estadística. Es que no nos gustamos en esa situación. Una persona se decía en nuestra consulta: “Ya me he quitado el tabaco... Si me quito las cervezas ¿qué me queda?” Claro es que se respondió sola: pensar que era el tabaco y la cerveza lo que le daba alegría a su vida era el síntoma de que algo no iba bien. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           A veces nos demoramos en el bar simplemente para no ir a casa. No nos espera nadie, o lo que nos espera... mejor demorarlo. Y lo que tiene el alcohol, el bar, es que es barato. Un rato de charla, si el bar es habitual, un poco de la tele, un poco de máquinas y ya nos importa menos todo. Si alguien quiere discutir, es más fácil “pasar”. Y si tenemos que ocuparnos de la casa, o los niños, estamos como anestesiados, lo hacemos sin enterarnos tanto. Es más fácil pedir una caña que pensar qué es lo que no anda, qué podemos hacer para poner algún aliciente en la vida, o, simplemente, enfrentarnos a la evidencia de una relación que no funciona.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por eso no se trata tanto de la estadística, de si nuestro consumo de alcohol, o de lo que sea, entra ya, objetivamente, en la categoría de adicción o enfermedad. Se trata de escuchar ese convencimiento íntimo que dice que si necesitamos esas cañas para funcionar, entrar en casa, algo no funciona. Y es mejor no esperar más para comenzar a poner remedio.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sat, 01 May 2021 13:02:10 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Hablando con la pareja</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/hablando-con-la-pareja</link>
      <description>Yo había pensado que nuestra relación no iba bien. Es más. Había decidido que ese día hablaríamos. Tenía muchas cosas pensadas para decir. Pero se me adelantó. No me dejó ni hablar. No podía escuchar lo que me decía.   Sólo que las cosas no estaban saliendo como pensaba.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hablando con la pareja
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           "Yo había pensado que nuestra relación no iba bien. Es más. Había decidido que ese día hablaríamos. Tenía muchas cosas pensadas para decir. Pero se me adelantó. No me dejó ni hablar. No podía escuchar lo que me decía.   Sólo que las cosas no estaban saliendo como pensaba".
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Esta es una situación bastante común, más allá de la anécdota: alguien nos habla y esperamos que acabe, para decir "lo nuestro", lo que ya teníamos decidido antes de que el otro comenzara a hablar... Así que podemos preguntar: ¿qué clase de conversación es esa? En el ejemplo, la persona se sale del guion, dice algo inesperado: tenemos que dejarlo. Y el interlocutor no puede reaccionar. Porque si somos capaces de reconocer que no escuchamos, veremos a continuación que no sólo no escuchamos al otro, sino que ponemos la cara y estamos esperando nuestro turno, repasando nuestras ideas, en la seguridad de que ya sabemos lo que va a decir. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es muy difícil sustraerse a la idea de que conocemos de antemano lo que vamos a escuchar: ¡Si siempre dice lo mismo! Es una frase que cualquier relación en crisis pone en juego. Sin embargo, como ocurre en múltiples situaciones de la vida, lo que ha ocurrido "siempre" no tiene por qué ocurrir de nuevo: que hayamos aprobado todos nuestros exámenes no garantiza que aprobemos el próximo, ni que hayamos suspendido nuestra primera prueba del carné de conducir asegura que suspenderemos la siguiente.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El otro problema que genera esta manera de pensar es que si adelantamos lo que nos dirán, si estamos seguros de lo que oiremos, no le damos oportunidad a quien nos rodea de darse a conocer: "Crees que lo sabes todo de mí", por ejemplo, puede ser tanto una frase de un hijo adolescente como de una pareja, que reclaman el derecho a ser escuchados sin prejuicios. Porque no olvidemos que todas esas ideas o sensaciones, acerca de que "ya sabemos", "ya conocemos", "ya sospechábamos", no dejan de ser pre-juicios. Juicios previos que disminuyen nuestra capacidad de escuchar lo que las personas tienen que decirnos. Las obligan a ejercer algún tipo de violencia para ser escuchadas. Y en esos casos las peleas se hacen frecuentes. Las discusiones y los ataques personales más fuertes. Porque imaginaros: si  creo que sé lo que el otro va a decir, le condeno a ser quien yo pienso que es. Aunque sea aparentemente para bien (creo que eres lista, o genial, o creo que no serías capaz de engañarme o lo que sea), lo importante es que no me relaciono con la persona real, sino con un fantasma. Y a nadie le gusta serlo. Y le obligamos a demostrarnos quién es en realidad, aunque sea por la fuerza. Los prejuicios son imposibles de eliminar, porque cumplen una función tranquilizadora. Y no se refieren a las razas de las personas o a su identidad sexual exclusivamente, como podríamos creer. Operan en todas las esferas de nuestra vida, creando barreras entre nosotros y quienes nos rodean. Se trata de reconocerlos, y solucionar, en cada caso, las situaciones que nos crean: aislamiento, falta de comunicación con las personas queridas. Distancia. Sólo así podremos comenzar a escuchar a quienes nos rodean.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 15 Apr 2021 13:02:11 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Hay cosas que deprimen</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/hay-cosas-que-deprimen</link>
      <description>En la vida, hay cosas que deprimen: perder el trabajo, el fin de una relación, la muerte de un ser querido...</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay cosas que deprimen
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En la vida, hay cosas que deprimen: perder el trabajo, el fin de una relación, la muerte de un ser querido... Esta enumeración, que en su generalidad no permite ver del todo el sufrimiento que se desencadena, nos dice que, dentro de lo que cabe, no dejan de ser situaciones "normales" de la vida. Quiero decir que, independientemente de la tristeza que nos producen, son avatares del mismo hecho de estar vivos. ¿Qué sucede, entonces, para que algunas personas "se vienen abajo"?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Quizás un ejemplo económico nos sirva para pensar: tenemos un nivel de ingresos que nos permite vivir, más o menos bien, con cierta dignidad. Pero pudiera ser que esos ingresos no nos permitan afrontar una situación extraordinaria: un problema de salud, una reparación importante en el hogar. O algo que, sin ser un problema, nos apetece hacer: un viaje importante, la renovación de la cocina. Si es algo de esto último, lo postergamos, esperando un momento mejor, o ahorrando, simplemente. Pero si se trata de algo urgente, ¿qué hacemos? Lo habitual es movilizar recursos: acudimos a la familia, a los amigos... En ocasiones, pedimos un crédito al banco. A veces con esto basta. A veces, comprobamos que algunas de las personas en las que confiábamos para estas situaciones extraordinarias no están allí, o descubrimos que el banco no confía en nosotros como creíamos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Estas situaciones que nombrábamos al principio, quedarse sin trabajo, sin un amor o sin alguien cercano, son semejantes a la economía: hechos no muy frecuentes que exigen, para ser afrontados, movilización de recursos, en este caso, psíquicos. Quizás es suficiente con los amigos que nos consuelan y tiran de nosotros para salir, convencernos de que la vida sigue. Algunos nos ayudan a enviar currículums, si se trata de trabajo, o nos presentan nuevos amigos, si se trata de amor. Y con eso puede ser suficiente.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero en otros casos estas situaciones ponen de manifiesto algunos problemas que "estaban ahí", pero que parecían cosas de carácter, o ideas acerca del mundo. Hay personas inseguras. Cualquier cosa mala la viven como síntoma de que serán, o son, fracasados. Si tiene trabajo, o si alguien les quiere, se demuestra que no era cierto, pero si algo no sale bien, sólo se compadecen de sí mismos, se vuelven "pesados": ya te lo decía yo... era demasiado bueno para ser verdad, yo no puedo tener nada bueno que dure... Algunos se vuelven un poco paranoicos: yo sabía que fulanito o menganita, no iba a tolerar que las cosas me salieran bien, seguro que ha tenido que ver con lo que me ha pasado. Algunas personas muy exigentes consigo mismas se culpan íntimamente de lo que ha pasado, y al no poder reconocerlo, caen en una espiral de reproches hacia sí mismos, que les amargan y les vuelve difícil comenzar de nuevo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      
           Por eso, así como en el caso de la economía a veces los recursos se encuentran fuera del ámbito familiar o de amigos, a veces los refuerzos psíquicos se encuentran acudiendo a un profesional que, en primer lugar, permita movilizar los espacios de salud que todas las personas poseen. Muchas veces se trata de ver que no son los hechos en sí, que han ocurrido, los que nos han puesto mal, sino que éstos han servido de desencadenantes de modos de actuar o de pensar que no son los apropiados y que hasta ahora no habían sido puestos a prueba.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 01 Apr 2021 16:55:55 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Intentar hacer</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/intentar-hacer</link>
      <description>Este verano intentaré sacarme esa asignatura de segundo... Intentaré hablar con mi jefe para que... Intentaré decirle a mi madre que...</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Intentar hacer
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Este verano intentaré sacarme esa asignatura de segundo... Intentaré hablar con mi jefe para que... Intentaré decirle a mi madre que...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Muchas veces escuchamos expresiones como estas. Hasta es posible que las utilicemos: intentaré quedar con fulanita para... Lo curioso es que se usan palabras de más: hablo o no hablo, con mi jefe o con quien sea. Quedo, o no con una amiga. ¿Para qué “intentar quedar”? Pues suele ser, dicen las personas que hablan así, porque no se está seguro del resultado: intento sacarme la asignatura, pero como no depende sólo de mí... Así que estas expresiones son un modo de disculparse de antemano. Mientras “intento”, ya estoy pensando que quizás fracase. Que es muy diferente a saber que, evidentemente, cualquier cosa que me pone en relación a los demás, no depende de mí.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es como si estuviéramos más atentos a los fracasos anteriores, porque se suele utilizar “intento”, con cosas o proyectos intentados de antemano. Es decir, con cosas que hemos tenido en la cabeza mucho tiempo, las hemos considerado, imaginado, repensado... Y luego cuando comenzamos a realizar, nos damos cuenta de la diferencia entre lo imaginado y la realidad. Las horas, días y a veces años que hemos dudado no hacen sino quitarnos fuerza en el empeño.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ¿Qué es mejor? ¿Estudiar medicina o fontanería, darnos cuenta de que no es lo nuestro o intentar estudiar medicina o fontanería y no acabar? Porque es difícil hacer algo mientras se intenta hacerlo. Las cosas que tenemos en la cabeza ya sean conversaciones con personas o proyectos son semejantes a los sueños o los delirios: carecen de realidad si no se hablan. De hecho, es bastante habitual que ideas que nos parecen claras cuando las construimos solos se demuestran endebles al pasarlas al papel. La melodía soñada resulta ser una variación de la canción de moda. El intentar hacer parece una continuación de ese estado de fantasía: intentar hacer parece menos hacer.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No se trata de no tener en cuenta las experiencias anteriores, sino de preservar el máximo deseo para los nuevos deseos. Así que un consejo: no intenten ligar, ¡liguen! no intenten estudiar ¡estudien! Y verán que no es tan malo que, algunas de las cosas que tenemos en la cabeza, cobren realidad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 15 Mar 2021 17:55:50 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.monicagorenberg.com/intentar-hacer</guid>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La angustia</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-angustia</link>
      <description>La sensación de falta de tono vital, de ganas para hacer ciertas cosas, incluso cierto desasosiego en la vida cotidiana, nos hacen recurrir a la expresión “angustiado”. Porque no se confunde con los nervios, por ejemplo, que se nos ponen en la boca del estómago frente a una situación importante, como una cita o una entrevista de trabajo.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La angustia
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La sensación de falta de tono vital, de ganas para hacer ciertas cosas, incluso cierto desasosiego en la vida cotidiana, nos hacen recurrir a la expresión “angustiado”. Porque no se confunde con los nervios, por ejemplo, que se nos ponen en la boca del estómago frente a una situación importante, como una cita o una entrevista de trabajo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La angustia, de alguna manera, nos pone nerviosos porque no sabemos qué hacer con ella. No siempre podemos atribuirle una causa, ya que, si nos ha ocurrido algo malo, una desgracia, un accidente, ¿por qué no nos ponemos tristes, que sería lo lógico?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En cambio, con la angustia no podemos quedarnos en la cama, pero tampoco salir. Ni quedarnos solos, porque nos da miedo, ni acompañados, porque la gente nos molesta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero hay veces que hay angustia, pero no la vemos como tal. Se puede padecer angustia y no verla. A veces se hace necesario un esforzado recorrido por diferentes especialistas médicos que prefieren asegurarse de que el paciente efectivamente no padece ninguna de las graves enfermedades que los síntomas hacen sospechar, antes de decir: a Ud. No le pasa nada, y recetar un tranquilizante. Cuando es verdad que a la persona le pasan cosas, sólo que vienen disfrazadas de síntomas físicos. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Mareos, dolor de oídos, sensación de que el suelo viene hacia nosotros, o de que nos vamos a caer. En otros casos, dolor en el pecho, o en el brazo izquierdo… Vamos, que casi todos vemos las mismas películas y series de médicos y creemos saber cuándo lo que se avecina es un… infarto al corazón…
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero lo que es más difícil es pensar que podemos padecer angustia y no verla. En una adolescente, la pérdida de apetito, o de sueño, el bajón en los estudios puede significar que se ha enamorado, y eso no es lo evidente. Hasta podemos preguntarnos por qué esa joven no manifiesta su encuentro con el amor como algo positivo, sino como pérdida (de notas, de peso, de alegría).
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En los humanos, las cosas no suelen ser siempre lo que parecen. Solemos tener que hacer “una lectura”, una interpretación de casi todo lo que hacemos. Y es bueno pensar que no hay una sola manera de resolver las cosas que la vida nos plantea.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 01 Mar 2021 14:02:12 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La anorexia</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-anorexia</link>
      <description>En esta época del año muchos jóvenes muestran una mayor preocupación por su cuerpo.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La anorexia
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En esta época del año muchos jóvenes muestran una mayor preocupación por su cuerpo. La ropa de verano, la proximidad de las vacaciones, la piscina, aparecen como los motivos que justifican apuntarse al gimnasio o comenzar dietas que permitan acercarse al cuerpo ideal. Y muchas familias se preocupan tratando de distinguir entre un comportamiento normal o algo que anuncie la presencia de un problema.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha clasificado la anorexia como un trastorno mental y del comportamiento. Por lo tanto podemos afirmar que cuando aparece el trastorno alimentario, se han producido con anterioridad situaciones que no se han detectado como problemáticas, ya sea por pensar que eran “cosas de carácter” o, simplemente, situaciones propias de la edad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si bien se ha ampliado el espectro de edad, y ya aparecen varones con este trastorno, la prevalencia sigue siendo mucho mayor entre chicas de 12 a 17 años, como edad de aparición. Por eso en esas edades no es raro que observemos un miedo a madurar. Al ser un trastorno que se manifiesta fundamentalmente en la adolescencia, momento en el que se producen muchos cambios, tanto físicos como de situación: instituto, decisiones acerca de los estudios, primeras relaciones amorosas, sabemos que es normal que el joven manifieste inseguridad, que diga que preferiría no crecer, o rechace la menstruación.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay chicas que ya han presentado un alto nivel de exigencia, que no se satisface nunca, con una baja autoestima. Quiero decir, si estudio mucho y no saco una nota alta, no significa que el examen era difícil, o me puse nerviosa, sino que soy tonta.  Frente a la realidad que no se puede controlar, se genera la fantasía de poder controlar el cuerpo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando a la familia le parece que existe el problema, tenemos que saber que ya hace un tiempo que existe. No comer una cena, reducir el consumo de grasas, dejar las gaseosas, son situaciones que pasan desapercibidas. Es su repetición lo que nos permite detectarlas. Así como los temas de conversación: de pronto todo gira en torno al aspecto, el ejercicio. Actividades que antes se compartían, comienzan a realizarse en la soledad del cuerpo: da igual que se trate de la tabla de gimnasia que la comida.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Eso nos permite comprender que la joven sabe que su conducta es, como mínimo, “rara”, porque trata de ocultarla.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por eso se trata, en primer lugar, de saber que no hay castigo que las haga cambiar, ni razonamiento que compartir. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La anorexia es un trastorno que afecta la vida de toda la familia, y son todos, junto a los afectados directamente, los que deben participar del tratamiento.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 15 Feb 2021 17:55:49 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.monicagorenberg.com/la-anorexia</guid>
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      </media:content>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La ansiedad</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-ansiedad</link>
      <description>La ansiedad se manifiesta en ocasiones como excesiva preocupación referida a tareas a realizar o situaciones de la vida cotidiana. En esta época del año, por ejemplo, lo manifiestan muchos estudiantes de cara al final del curso escolar.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La ansiedad
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La ansiedad se manifiesta en ocasiones como excesiva preocupación referida a tareas a realizar o situaciones de la vida cotidiana. En esta época del año, por ejemplo, lo manifiestan muchos estudiantes de cara al final del curso escolar. Y cada vez aparecen más niños en edades tempranas en los que aparecen síntomas físicos, dolores estomacales, diarreas, problemas con la alimentación que no son sino maneras de decir su dificultad para enfrentar los exámenes, las evaluaciones. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La sensación de no poder “con todo”, cuando nunca es “todo” lo que está en juego. En estos casos no se reconoce lo exagerado de las preocupaciones. Se dificulta el diálogo con los familiares del entorno: si hasta ahora has podido con el curso, por ejemplo, ¿por qué no vas a poder ahora? Muchas veces aparece irritación, la persona está muy sensible, cualquier comentario lo interpreta en términos de: lo que me dicen es que no voy a poder, o en clave amorosa: si no lo consigo, es que soy tonta, o tonto.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando se imaginan lo que sucederá, siempre es en términos de “desastre”: el examen me salió fatal, la entrevista me salió fatal... Se manifiesta entonces una gran exigencia: si no lo hago perfecto, está mal. Y como perfecto no existe, siempre está mal. En esos casos la persona se pone “intratable”. Cualquier argumento se estrella contra la certeza de que no podrá. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cuando la ansiedad persiste, aparecen trastornos del sueño, dificultad en las relaciones sociales. La persona intuye que no compartimos sus excesivas preocupaciones, o que no “le comprendemos”, por lo que se encierra en sí misma. E intenta diversos recursos para mantener las cosas bajo control. Por ejemplo, teme olvidar, y comienza a anotar cosas. A veces en una agenda o cuaderno especial para ello, pero a veces en papeles que va acumulando. Pueden ser cosas importantes o nimias, pero que en todo caso manifiestan que se siente que las cosas comienzan a escapar de su control.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Estos síntomas producen un gran malestar, descontento con la vida que se puede generalizar a cualquier ámbito de ésta: descontento con los estudios o el trabajo, o con las amistades. La ansiedad no sólo no suele desaparecer espontáneamente, sino que tiende a hacerse crónica, a ser el modo de respuesta a situaciones exigentes, o estresantes. Por eso es importante no creer que sea un tema de carácter, de modo de ser, de personalidad, con la convicción de que “soy así” y no tengo remedio.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Mon, 01 Feb 2021 14:02:14 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La depresión</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-depresion</link>
      <description>La depresión es, posiblemente, la enfermedad mental diagnosticada más tempranamente en la historia de la cultura. Ya los antiguos hablaban de la melancolía, de ese humor triste que atacaba a las personas, les impedía funcionar con normalidad, cumplir con sus tareas habituales.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La depresión
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La depresión es, posiblemente, la enfermedad mental diagnosticada más tempranamente en la historia de la cultura. Ya los antiguos hablaban de la melancolía, de ese humor triste que atacaba a las personas, les impedía funcionar con normalidad, cumplir con sus tareas habituales.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hoy en día asociamos a la depresión no sólo cambios de humor. Se acompaña frecuentemente de insomnio, ansiedad, angustia. Asimismo se producen alteraciones en los hábitos de alimentación: pérdida de apetito, dificultad en la ingesta: La persona siente que “no puede tragar” o “que tiene un nudo y la comida no pasa”. Dolores articulares o musculares, contracturas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y estos son los síntomas que, por lo menos al comienzo, se suelen contar. Pero si aparece el diagnóstico, "usted padece una depresión"” las personas dejan de comentar, ya que parece que, al no tener causa orgánica visible, los síntomas están menos justificados y los afectados llegan a sentir cierta vergüenza. Menos compartidas con el entorno, ya sea familiar o social, son las ideas que inundan los pensamientos de la persona deprimida. La falta de sentido de la vida, que termina transformándose en una idea de suicidio, muchas veces como salida al sufrimiento o para evitar sufrimiento a la familia. Las personas se dirigen fuertes autorreproches, se acusan de no haber sido tal o cual cosa, de no haber hecho… En resumen, de no cumplir con ciertas expectativas que ellas mismas o sus padres tenían. Y estas ideas no desaparecen con la medicación.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En personas jóvenes esta problemática se despierta a veces frente a la decisión de tener o no hijos. La frase “no tendré hijos para que no se avergüencen de mí”, esconde una idea sumamente penosa, y nos hace pensar que, como no podemos saber qué sentirán los hijos que aún no se han tenido, los sujetos hablan, más bien, de su propia experiencia como hijos en relación a sus padres. Y sobre todo al hecho de sentirse culpables por haberse avergonzado o no haber valorado suficientemente, en el pasado, a sus progenitores.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Estos son algunos de los sentimientos que acompañan a las personas deprimidas y que, por su contenido, son difíciles compartir con la familia, produciéndose un efecto que se añade al propio padecimiento, y es el progresivo aislamiento de la persona deprimida de su entorno, lo que favorece tanto el agravamiento de los síntomas como su cronificación.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Por eso ni los familiares deben sentirse culpables por no poder “hacer más” por sus seres queridos afectados, ni los depresivos reprocharse sus dificultades para salir adelante solos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Fri, 15 Jan 2021 17:55:47 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.monicagorenberg.com/la-depresion</guid>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La depresión de los jóvenes</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-depresion-de-los-jovenes</link>
      <description>La crisis económica hace unos años, la pandemia ahora, han agravado el paro entre los jóvenes. Y por último, la publicación de diversos estudios referidos al nivel de nuestra educación, han contribuido a que tanto los profesionales de diversas áreas como la población en general dirijamos nuestra mirada a este segmento de edad.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La depresión de los jóvenes
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ﻿
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La crisis económica hace unos años, la pandemia ahora, han agravado el paro entre los jóvenes. Y por último, la publicación de diversos estudios referidos al nivel de nuestra educación, han contribuido a que tanto los profesionales de diversas áreas como la población en general dirijamos nuestra mirada a este segmento de edad. Asimismo, preocupan los índices de fracaso escolar, consumo de alcohol o drogas. Aumenta la obesidad entre niños y adolescentes y la adicción a diversas formas de las nuevas tecnologías.   En los últimos días han aparecido en los periódicos, y se han repetido en radios, programas de televisión, los datos de un estudio referido a la depresión entre los jóvenes. Durante los últimos años este fenómeno no ha hecho más que aumentar. Normalmente, tendemos a pensar que lo que dice la tele, la radio, o está escrito en prensa, es verdad. Con reservas, claro: no creemos a los políticos, discutimos decisiones de entrenadores... pero noticias médicas... Y es importante pensar acerca de ellas, porque nos traen noticias acerca de cómo nuestra sociedad está pensando la salud, la enfermedad, el cuerpo. Es decir, cómo seremos tratados cuando acudamos a una consulta profesional.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Así que para empezar, podemos decir que no sabemos qué les pasa a los jóvenes, sabemos que hay cada vez más cosas que son diagnosticadas como enfermedad. Un joven está preocupado, por ejemplo: no sabe qué hacer. ¿Seguir estudiando? ¿Ponerse a trabajar? Sus padres dicen una cosa, los amigos otra... en el verano trabajó un poco... la verdad no fue muy agradable Muchas horas, poco dinero... si se mete en un módulo quizás... Así que mientras piensa esas cosas, que tiene que decidir en un plazo, sabiendo que alguien se enfadará con seguridad, porque no se puede satisfacer a todo el mundo, está nervioso. Contesta mal. Se nota que no sabe qué hacer. Los padres se ponen nerviosos, porque el chico un día decide una cosa, otro día otra... Come peor, pierde peso... ¿Qué hacer? Lo que le sucede... ¿es una enfermedad?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si espiamos lo que sucede en ese otro salón... Una madre enciende la luz... se acerca y escucha detrás de la puerta lo que sucede en una habitación. Abre la puerta. Enciende la luz. En una cama, duerme un joven. Parece tener 15 años. Hace calor, y sin embargo, el chico duerme tapado. Al levantar la manta descubrimos que el joven está vestido. Una chica le tiene loco... quería marcharse al pueblo donde sabe está pasando unos días con la familia... ¿qué hacemos? ¿A quién se lo llevamos para que recuerde hacer caso a sus padres? A veces una decepción amorosa nos hace creer que el mundo se viene abajo. Es difícil levantarse, no apetece comer. Podemos diagnosticar, pero si ya nombramos depresión lo que muchas veces son crisis de crecimiento... cómo hablar de la depresión de verdad... Y la tentación de una medicación que solucione es muy fuerte.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los padres se sienten fracasados. Culpables. Sienten que no entienden lo que sucede a sus hijos, que quizás no han sabido hacerlo bien... Y es verdad que no es fácil aligerar algunas de estas cosas. O sin la intervención de un profesional es muchas veces casi imposible restaurar el diálogo. Pero hay que saber que en última instancia se trata de eso: diferenciar entre situaciones críticas que nos trae la vida y enfermedad.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No venimos al mundo con manuales, por eso es interesante pensar que no es necesario estar enfermo para consultar. Prevenir es siempre mejor que actuar presionados por la necesidad de resolver.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Fri, 01 Jan 2021 14:02:15 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La espera angustiosa</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-espera-angustiosa</link>
      <description>La espera angustiosa es un padecimiento que se describe bastante bien, y que mucha gente considera un rasgo de carácter, o de personalidad. Es la gente “que se preocupa mucho”. Una señora que oye toser a su hijo e inmediatamente sospecha una grave enfermedad, la persona que cuando espera a alguien que se demora lo atribuye siempre a un grave accidente…</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La espera angustiosa
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  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La espera angustiosa es un padecimiento que se describe bastante bien, y que mucha gente considera un rasgo de carácter, o de personalidad. Es la gente “que se preocupa mucho”. Una señora que oye toser a su hijo e inmediatamente sospecha una grave enfermedad, la persona que cuando espera a alguien que se demora lo atribuye siempre a un grave accidente… Como rasgo de carácter, son las personas que llamamos ansiosas, que suelen tener una visión pesimista de la vida… Suelen aparecer como madres muy protectoras, o como parejas controladoras, y su vida suele ser bastante sufrida. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           También aparece referida a la moral, y son personas temerosas de su propia conciencia, que suelen dirigirse frecuentes autorreproches, perfeccionistas con su trabajo, temerosas de equivocarse. Es un síntoma importante, por su intervención en la vida cotidiana, y nos hace pensar que nos encontramos frente a un montante de angustia, libre, y que como tal angustia es insoportable, y busca enlazarse a los contenidos que la situación nos proporciona: es verdad que el niño tosió, o que una persona se demora más de la cuenta. Y a partir de ahí se construye una historia de desgracias, accidentes, enfermedades.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No es esta la única forma en que puede manifestarse la espera angustiosa, latente casi siempre para la conciencia, pero constantemente en acecho. Puede irrumpir en la conciencia sin ser despertada por la imaginación y provoca así el ataque de angustia. Tal ataque puede consistir sólo en la sensación de angustia, sin ninguna idea que la acompañe, o con idea de muerte, de locura: “sentía que me moría” o “me parecía que me volvía loca”. A veces aparecen síntomas físicos. Como nudo en el estómago, dificultad para respirar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           De todas estas combinaciones, las personas resaltan unas veces unos síntomas, otras veces otros. Pero en el relato, a veces omiten la sensación de angustia original, que sólo se recuerda como malestar, y que suele pensarse como efecto (me angustio porque el otro tose, o se demora), y no como causa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Varios de los síntomas citados que acompañan  o representan el ataque de angustia se vuelven crónicos, como decíamos al principio. Se confunden con rasgos de personalidad, como ser muy ansiosa, muy protectores, y es más difícil descubrirlos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Pero quizás  podemos hacernos la siguiente pregunta: si se sufre, ¿por qué resignarse? Considerar estas costumbres o hábitos, rasgos de personalidad nos lleva a pensar que no pueden cambiarse. Cuando en realidad no hay condiciones del ser que nos obliguen a vivir con miedo, con el sufrimiento que también se origina en el entorno familiar y social.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 15 Dec 2020 14:02:17 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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    </item>
    <item>
      <title>La fobia a conducir</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/la-fobia-a-conducir</link>
      <description>La fobia a conducir, como cualquier otra fobia, se manifiesta como un temor excesivo e irracional al conducir o al pensar simplemente en ello. La persona afectada se siente inquieta, puede tener palpitaciones, sudoración.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La fobia a conducir
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
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  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
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  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La fobia a conducir, como cualquier otra fobia, se manifiesta como un temor excesivo e irracional al conducir o al pensar simplemente en ello. La persona afectada se siente inquieta, puede tener palpitaciones, sudoración. Otros sienten un nudo en el estómago, sensación de vértigo y de pérdida de control. A veces, si se produce mientras se conduce, se imaginan accidentes. Es como si la persona dijera, como decimos muchas veces mientras conducimos o somos acompañantes: ¡Mira lo que ha pasado! ¡Se ha salvado de milagro! Pero la persona fóbica no lo dice tranquilamente. Realmente lo ha visualizado. A veces tiene pesadillas, antes o después de conducir.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay personas que se han sacado el permiso de conducir y no han conducido nunca. Generalmente, salvo la sensación de que “no lo podrán hacer nunca”, no padecen ningún trastorno. Han renunciado, simplemente a conducir. Pero hay personas que padecen estos miedos en situaciones concretas: llevar a los niños, que llueva, o tener que conducir de noche. Normalmente son personas que no se consideran a sí mismas demasiado expertas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En ocasiones aparece después de haber presenciado un accidente. Muchas veces no se confiesa, por vergüenza, porque parece que conducir, hoy, conduce todo el mundo. O porque no se puede prescindir del coche, por razones personales o profesionales. Pero sabemos que conducir en esas condiciones es peligroso, y que es difícil superar estas cuestiones en soledad. Y sobre todo porque la fobia, que aparece como problema, es asimismo una solución.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Una solución a una angustia que se remedia sustituyendo ese temor más grande, para el que a veces no tenemos representación, por un temor representable, pero que a veces trastorna nuestra vida cotidiana. Por esos es importante consultar con un profesional. Ya que, si bien algunas manifestaciones son comunes, cada caso es único y requiere atención especializada.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Tue, 01 Dec 2020 17:55:46 GMT</pubDate>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Los escrúpulos</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/los-escrupulos</link>
      <description>Aprensión, escrúpulos. Muchas cosas de la vida cotidiana nos producen sensaciones desagradables. Preferimos no tener que entrar en contacto con ellas. Tener que ponernos una inyección, realizar la cura casera de una pequeña herida.  Algunos alimentos, el tacto de la piel de una fruta.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los escrúpulos
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    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
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&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Aprensión, escrúpulos. Muchas cosas de la vida cotidiana nos producen sensaciones desagradables. Preferimos no tener que entrar en contacto con ellas. Tener que ponernos una inyección, realizar la cura casera de una pequeña herida.  Algunos alimentos, el tacto de la piel de una fruta. A veces la palabra se usa para definir una persona: es muy escrupulosa. Y la vemos limpiar con energía el cubierto que va a utilizar, o limpiar discretamente el sitio donde va a sentarse. Muchos de estos actos nos parecen normales o los observamos con cierta sorpresa. Si invitamos a alguien a casa, por ejemplo, no es agradable que limpie su vaso antes de utilizarlo... Pero si fuimos avisados, lo entendemos como un rasgo de cierta extravagancia, o manía: es que  es muy escrupulosa. Estas personas sufren bastante, porque viven en un mundo lleno de peligros, de gérmenes que intentan colarse en su interior, virus y bacterias que intentan infectarles, a merced de los cuales estamos porque, en realidad, no les vemos aunque conocemos su existencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hoy en día, aún hay muchas  mujeres que sólo se dedican a su casa, y son más aún las que, trabajando, realizan buena parte de las tareas del hogar. Así que es sobre todo en ellas en las que podemos observar cómo la preocupación por la limpieza se convierte en otra cosa. Limpian, tratan de mantener la casa en orden. Suelen observar nerviosas los síntomas de que "se vive": migas en el suelo, ceniza, prendas dejadas de cualquier manera. Están nerviosas, porque no importa cuánto hagan, siempre está sucio. Y no se puede intentar ayudarlas, porque nadie hace las cosas como ella. Así que la familia suele dejarlas por "imposibles". O nos resignamos a sus gritos, o nos terminan por imponer su tiranía: suelen ser casas donde los niños no llevan a sus amigos, los compañeros no viene a ver partidos de fútbol en la tele. Muchas veces, si el piso es de esos que tenía salón y sala de estar, el salón suele ser un espacio muerto, "para no ensuciar", y la familia se apretuja en la salita pequeña. Cada cosa tiene su lugar, cada figura su manera de estar colocada, y es fácil saber si alguien ha tocado algo porque... 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Muchos lectores habrán reconocido, en estas pinceladas, una historia conocida, ya por vivida en la propia casa, u observada en alguna ajena. Es posible vivir así, y muchos lo han hecho, pensando que, en el fondo, o son cosas de carácter o pequeñas manías de las que, en última instancia, nos beneficiamos. ¿A quién no le gusta tener una casa ordenada, o una camisa impecablemente planchada? Y sobre todo, ya se ha llegado a la conclusión de que con ciertas cosas, es imposible lidiar, y mejor no discutir y...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo que sucede es que a veces la aprensión va a más. Una cosa sin importancia, o que en principio no tendría por qué tenerla, se vuelve fuente de ansiedad y angustia. Puede ser una noticia de salud, un familiar que acaba de enfermar, un accidente visto en la televisión, desencadenan preguntas sin respuesta: ¿no me podría pasar a mí? ¿Y si la próxima vez que cojamos el coche...? Cada vez que alguno de la casa se retrasa, sólo se piensa en lo peor, cada vez que suena el teléfono por la noche... Y entonces es cuando la propia persona, o alguno de la familia, deciden que ya no puede ser cuestión "de carácter" o de "manera de ser", que esa persona sufre demasiado y mejor consultar. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Los escrúpulos y el afán de limpieza, cuando son excesivos, son fuente de sufrimiento. Para la persona que los padece y su entorno.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sun, 15 Nov 2020 14:02:18 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Rehacer la vida</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/rehacer-la-vida</link>
      <description>“Quiero rehacer mi vida” es una expresión que escuchamos muchas veces, sobre todo cuando las personas hablan de la separación de una pareja. Es una expresión curiosa, porque rehacer, volver a hacer... ¿lo mismo?...</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Rehacer la vida
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           “Quiero rehacer mi vida” es una expresión que escuchamos muchas veces, sobre todo cuando las personas hablan de la separación de una pareja. Es una expresión curiosa, porque rehacer, volver a hacer... ¿lo mismo?... ¡si es aquello que acaba de fracasar! Generalmente, la fantasía atribuye el fracaso a la pareja. Aunque se digan cosas del tipo: seguramente la culpa es de los dos... hay una implícita creencia de que, si se hubiera tenido otra pareja, las cosas hubieran sido distintas... Y es verdad: si nos hubiéramos casado, o “juntado” con otro, u otra, las cosas hubieran sido diferentes.... Pero eso no pasó. Así que no sabemos que hubiera pasado si... Lo cierto es que elegimos a esa persona y ahora.... creemos que hay que esperar a separarse para hacer otra vida. Y en lugar de pensar que esa otra vida podemos hacerla desde ya... esperamos, esperamos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           “Si me separo, trabajaré” dice un ama de casa... Será una forma de sentirme productiva, de conocer otra gente... ¿Y si cree que trabajar será bueno para usted, por qué no comienza ya? Porque con lo que ganaré.... No me alcanza más que para pagar alguien de la limpieza... Pero... ¿Y si cree que sería bueno para usted, por qué no hacerlo, y, justamente, con ese dinero, pagar a alguien que la reemplace en las tareas que ya se le han vuelto fatigosas, faltas de sentido?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El señor, por su lado, fantasea con salidas con los amigos, tardes de fútbol, o salidas a pescar, o a practicar senderismo, todas aficiones que nunca compartió con su mujer, a las que abandonó pensando que era eso lo que su mujer quería... Pero ahora, las tardes de sábado o domingo se hacen interminables... ¿Por qué no empezar ya, salir, y ver que su mujer tiene también un grupo de amigas con las que ir al cine, o de tiendas? Haciendo cada uno algo diferente, quizás tendrían algo de qué hablar cuando volvieran a verse...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y generalmente, cuando se dan estas situaciones, él, o ella, o los dos, tienen un grupo de amigos que toman partido: no sé cómo aguantas... o no entiendo que tanto tiempo... Suele haber uno o dos separados en el grupo, que cuentan su experiencia y todos hablan como si todas las vidas fueran iguales, y la experiencia de uno, buena o mala, pudiera ser la misma que la de otro.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           “Quiero empezar desde cero” es otra expresión que escuchamos en estos casos. Y entonces aparece como imposible seguir juntos, porque hay que resolver qué hacemos con ese pasado de sensación de soledad y abandono, de disputas, de quejas no formuladas. Y comenzar desde cero, sin comprender qué sucedió, creyendo que con otra pareja todo será diferente, y maravilloso, claro está, plantea algunas cuestiones. Podemos cambiar de barrio, de ciudad, de trabajo o de pareja, pero no podemos divorciarnos de nosotros mismos. Nos llevamos a todo sitio nuevo, con nuestras virtudes, y nuestros defectos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Sun, 01 Nov 2020 17:55:43 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.monicagorenberg.com/rehacer-la-vida</guid>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Tengo miedo de mi hijo</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/tengo-miedo-de-mi-hijo</link>
      <description>Hay una sensación generalizada de que los chicos se están volviendo imposibles. Muchos padres de adolescentes confiesan no poder conseguir que sus hijos cumplan algunas normas básicas de convivencia...</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            Tengo miedo de mi hijo
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
           &#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hay una sensación generalizada de que los chicos se están volviendo imposibles. Muchos padres de adolescentes confiesan no poder conseguir que sus hijos cumplan algunas normas básicas de convivencia, como colaborar en casa o respetar los horarios de volver, de hablar por teléfono o de chatear. Los profesores hablan de problemas de disciplina, falta de respeto e, incluso, de agresiones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y aunque diferentes estudios no se pongan de acuerdo sobre el índice de casos de acoso escolar, lo cierto es que se producen más casos, y más violentos: ya no se trata sólo de reírse del “gordito”, o del “gafotas”. Grupos de niñas, o niños, eligen al blanco de sus pullas y pasan de las palabras a los hechos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Muchas de las personas que, por razones familiares o profesionales tienen relación con niños o jóvenes les miran con desconfianza, con miedo. Preguntándose ¿qué tienen en la cabeza? ¿En qué piensan? ¿Qué podemos hacer para recuperar la comunicación, cierto grado de complicidad, de confianza?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si pensamos que los jóvenes de hoy son los adultos de mañana, que son esos jóvenes los que dirigirán el país, los que dirigirán las empresas, los que entrarán a nuestras casas a reparar lo que haga falta... Porque no se trata de decir que los agresivos son minoría. Los que son mayoría son los que se aburren, los que no se sienten representados por los adultos que les educan.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No se puede, frente a fenómenos tan complejos, apuntar una sola causa. Se habla de las modificaciones de la familia actual: incorporación de la mujer al trabajo, facilidad del divorcio, el aumento de las familias monoparentales. El aumento de los recursos económicos y la disminución del tiempo que dedica la familia a los hijos como consecuencia de la dedicación al trabajo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En el seno de la familia, eso se traduce en relaciones gobernadas por la culpa: los padres se sienten culpables por no dedicar el tiempo suficiente a sus hijos y como consecuencia, lo que dan, lo que sea, atención o recursos, no es una auténtica donación, sino una indemnización.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Y es entonces cuando en la casa dejan de ser los adultos los que “mandan”, sino los bebés, los niños o los jóvenes. Y no es raro escuchar cómo la agenda de los adultos la deciden los hijos: Se mantienen relaciones sexuales sólo cuando los niños se duermen, por lo que no es raro que los niños lloren en momentos “oportunos” y terminen en la cama de los adultos, se pasan tardes enteras en centros comerciales y parece que todos descubren las bondades de las hamburguesas, porque es lo único que le gusta al niño, o se sale de vacaciones dependiendo de las asignaturas que el joven haya suspendido.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Así que tenemos un sector de adultos, eficaces en su realidad laboral, infantilizados en la realidad familiar. Y una generación de niños y jóvenes, ineficaces en su realidad social (ya que se aburren o fracasan en ella)y que soportan la vida de los adultos que han abandonado una parte de sus funciones.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Quizás sea este un punto de vista diferente para comenzar a pensar lo que sucede a nuestro alrededor, sin prejuicios y sin miedos a las conclusiones a las que podamos llegar.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
            
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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    <item>
      <title>Yo no soy celos@</title>
      <link>https://www.monicagorenberg.com/yo-no-soy-celos</link>
      <description>Todos hemos sentido alguna vez  la punzada de los celos: una pareja que recuerda con cariño una relación anterior. O conserva fotos donde disfruta de un viaje en el que no estábamos. Ni siquiera es necesario que se trate de una pareja.</description>
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Yo no soy celos@
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Todos hemos sentido alguna vez  la punzada de los celos: una pareja que recuerda con cariño una relación anterior. O conserva fotos donde disfruta de un viaje en el que no estábamos. Ni siquiera es necesario que se trate de una pareja. Un amigo, una amiga que prefiere compartir algo con otro amigo… A veces nos pasa con un hermano más joven, cuando vemos que  nuestros padres le permiten lo que no nos permitieron, o le compran cosas que a nosotros no nos compraron. Por supuesto, siempre se trata de la interpretación; nuestros padres mejoraron su situación económica, se acostumbraron, a que un joven salga y no pase nada, por ejemplo. O nos damos cuenta de que si mi pareja estuvo unos años con otro, es casi mejor que haya dejado alguna huella. Pero esos sentimientos son pasajeros, por eso hablábamos de “punzada”… Y, en general, nos recuperamos rápidamente. Y nos comprendemos, son cosas que se aceptan como normales. Pero los celos, si son un poco más fuertes, no tienen muy buena prensa. Ni siquiera para los sujetos que los padecen. Por eso aparecen, muchas veces, disfrazados.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Entre personas mayores ha sido frecuente ver parejas donde él, por ejemplo, tenía una activa vida social, o laboral. En algunos casos hasta se sabía que era un poco… “calavera”. Sin embargo, tenía un fuerte sentido de la familia, tuvo siempre la misma mujer, que le esperaba, atendía los hijos, a la que él siempre dijo amar y respetar… Esas historias muchas veces coinciden con un abandono, por parte de ella, de la actividad que realizaba antes de casarse, sobre todo si trabajaba, sobre todo si su trabajo tenía alguna relevancia social. Entonces se ve que de lo que se trataba no era tanto de que ella fuera su mujer, sino que no fuera mujer de otro: de su familia, de su trabajo o de lo que fuera. Claro que ella estaba de acuerdo. Y hasta se puede haber sentido orgullosa de ser “mujer de”. Pero, si la vida las hace viudas estando aun vitales, las observamos retomar rápidamente algún tipo de actividad, dicen, para no caer en la depresión, pero reconociendo, casi siempre, que dedicarse a “él”, no les había permitido hacer otra cosa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Entre gente más joven, observamos cosas semejantes, recubiertas con un baño de modernidad. Los dos trabajan. Pero basta que anuncien algún tipo de actividad “extra” para que, olvidados ambos de ella, aparezca alguna cosa para hacer en común: ¿qué tenías hora para la peluquería?  Pues justo ese día es necesario ir a comprar… ¿Habías quedado con los de la oficina para tomar algo? Pues da la casualidad que estaba cerca, o terminé pronto y he pasado a recogerte. Si se trata de una joven que está pensando en comprar su primer coche… ¡para qué vas a meterte en créditos si yo te puedo llevar a todos lados! Tenemos que recordar que para que estas estructuras funcionen es necesario que los dos estén de acuerdo. Lo que pasa que a veces, ella o él, se levantan un día con la sensación de estar casi… demasiado cuidados. Con el otro, tan cerca, tan cerca, que no deja respirar.  Y es difícil desentrañar qué ocurre. ¡Y no vas a pensar que es un celos@ quien tantas cosas hace por ti!
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
  &lt;p&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/p&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <pubDate>Thu, 01 Oct 2020 13:02:20 GMT</pubDate>
      <author>183:825866920 (Mónica Aída Gorenberg Blejman)</author>
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